Conducta como vínculo

I.
No es posible hacer referencia a la conducta como un hecho aislado. Toda conducta esconde una historia, pudiéndose definir como un fenómeno multicausal que se da en un espacio y tiempo determinado. Si la persona es definida como un ser biopsicosocial, la conducta es el resultado de dicho proceso.


Amerita reflexionar y adentrarnos en el estudio de la conducta, ya que cobra un significado muy grande para el abordaje social de la discapacidad. Esto es así, dado que toda persona actúa expresando su historia y las relaciones que lleva consigo, el lugar y rol que ocupa dentro del espacio social.
Dentro de la Psicología nos encontramos con diversos autores que han explorado y estudiado la conducta, considerándose el objeto de estudio principal de la disciplina científica.
Para el análisis que interesa, tomaremos como referencia principalmente el aporte de José Bleger (1922 – 1972), quién fue un psiquiatra y psicoanalista argentino. Tal autor ha efectuado un análisis muy profundo de la conducta desde un enfoque social interaccionista. De igual modo, se vinculará tal referencia con el aporte del modelo científico del Análisis Comportamental, a quien presenta como principal exponente a Burrhus Frederic Skinner (1904-1990). Si bien ambos aportes presentan supuestos filosóficos diferentes, presentan un mismo común denominador: conducta como resultado de la interacción entre la persona y el ambiente.
Vale aclarar que no se pretende hacer un análisis de cada propuesta. Solo tomaremos el aporte con el objetivo de problematizar el sentido de la conducta, a fin de enriquecer el planteo del Abordaje Social de la Discapacidad. Por tal motivo, se invita al lector a leer las siguientes referencias sin perder el foco de la problemática que nos atañe, a modo tal que resulte más sencilla de comprender la problematización.
Recordando el aporte de Yepes y Aranguren (1996), desde una mirada personalista, toda persona presenta una serie de notas características, rasgos fundamentales, que la definen. Sin embargo, en diferentes ámbitos del sistema social, como en el contexto clínico, se evidencia, en el encuentro con el otro, conductas que no reflejan el posicionamiento activo y protagónico de su propia vida. Por posicionamiento activo y protagónico podemos referir al rol que ocupa una persona para tomar decisiones y proyectar a futuro sin condicionamiento externo, logrando interactuar y responder frente al mundo con autonomía. De todos modos, en tales personas, lo que se encuentra implicado o bien obstaculizado, es el desarrollo subjetivo. Sin embargo, el carácter subjetivo no es algo evidenciable. En este sentido, es a través de las conductas lo que nos permiten inferir y estudiar tal dificultad en un nivel concreto y materializable, aunque sea un fenómeno complejo.

II.


Siguiendo a Pichon Riviére, se representan tres tipos de conductas como tres círculos concéntricos (enumerados como 1, 2 y 3, de inferior a superior), correspondiendo a los fenómenos mentales, corporales y los de actuación en el mundo externo. Esto se definiría como áreas de la conducta.

La conducta siempre implica manifestaciones coexistentes en las tres áreas; es una manifestación unitaria del ser total. El pensar o imaginar (conducta en el área de la mente), no se da de manera aislada. De este modo, la conducta es una unidad que tiene una triple manifestación fenoménica. Se da al mismo tiempo en las tres áreas, siendo siempre coexistentes, aunque se pueda presentar un predominio relativo en algunas de ellas, alternancia, coincidencia o contradicción entre las diferentes áreas (Bleger, 1973).

Para el autor José Bleger la conducta está siempre en función de las relaciones y condiciones interactuantes en cada momento dado. En este sentido, para estudiar tal fenómeno es necesario hacerlo en función de las relaciones, en un período determinado. Es en el momento específico, en la situación, donde se asocia el conjunto total de elementos, hechos y relaciones que cubre una fase o un tiempo. De este modo se propone estudiar a la persona en el contexto real donde participan las diferentes variables que configuran la situación.
Ahora bien, el autor considera que la situación comprende una generalidad muy amplia, por lo que se requiere lograr mayor especificidad para responder al estudio. En este sentido se conceptualiza el termino de campo, definiéndolo como “la situación total considerada en un momento dado, es decir, es un corte hipotético y transversal de la situación” (p.42). El campo es dinámico se reconvierte constantemente, siendo la conducta el emergente de un campo. La parte del campo o de la situación que rodea al individuo se denomina entorno. Por lo que el sujeto- medio es una misma unidad por ser parte de este mismo. Siendo la conducta una modificación del campo.
Ahora bien, a partir de lo descripto, teniendo en cuenta el aporte de José Bleger, podemos precisar lo siguiente: la conducta es una unidad constituida por tres áreas coexistentes (mente, cuerpo y mundo externo), que para ser estudiada debe analizarse en un momento específico, considerando las relaciones y condiciones en un determinado espacio y tiempo. Por ejemplo, si requiere estudiarse la conducta de una joven que presenta comportamientos de retraimiento, inhibición y pasividad en el ambiente escolar, tales conductas merecen analizarse en tal circunstancia. Esto ocurre dado que la conducta no es aislada y debe tenerse en cuenta la relación joven- escuela; áreas que configuran un mismo campo de la conducta (unidad en si misma) en la que interactúan y se transforman.

III.
En el capítulo VIII “Objeto de la conducta”, Bleger desmadra aún más el carácter de conducta como vinculo. El autor, a partir de las reflexiones y aportes brindados por diferentes exponentes, concluye que toda conducta está dirigida a un objeto. El término objeto, citando a Jaspers, lo define como “todo lo que está frente a nosotros, lo que tenemos delante de los ojos internos, espirituales, o los ojos externos del órgano de los sentidos, lo que captamos, pensamos o reconocemos, todo aquello a lo que podamos estar dirigidos, respecto de algo que está en frente, sea real o irreal, evidente o abstracto, claro u oscuro” (p.91).
En este sentido, si toda conducta está ligada a un objeto, toda conducta es vínculo con otro, con el mundo. La relación con objetos contiene, en sí mismo, vínculos humanos. Compréndase que la persona ha significado el mundo, se ha inmerso en un lenguaje, a partir del orden de lo social desde el vínculo con el otro, en las relaciones interpersonales. Dicho de otro modo, los significados de las cosas (del mundo) que uno incorpora se dan con el otro, nunca aisladamente.
Al hacer referencia a la conducta como vínculo, nos lleva a tratar el tema de comunicación. Si la conducta es vínculo, expresa un sentido, comunica al otro. El autor define a la comunicación como al “proceso por el cual los seres humanos condicionan recíprocamente su conducta en la relación interpersonal” (p. 94). Esta definición incluye todos los procesos en los cuales la conducta de un ser humano actúa como estímulo –en forma intencional o no- de la conducta de otro u otras personas. En todo acto comunicativo nos encontramos con un emisor- mensaje- receptor, en el que se opera en un proceso de retorno o feedback. Es decir, una persona (emisor), ejerce una conducta (mensaje) dirigida a un otro (receptor), y ese otro (receptor) se convierte luego en emisor, ante el mismo efecto producido. Este proceso de feedback funciona como un control de la conducta y corrección de la misma, por la recepción de información sobre los efectos del mensaje (la conducta) (p. 95).

Siguiendo con el ejemplo anterior, pensemos en el siguiente proceso e intercambio:
1) una docente le pregunta a la joven por la consigna de matemáticas,
2) la joven mira para abajo en silencio,
3) la docente insiste con la pregunta.
4) La joven….

En este intercambio se puede observar como un mensaje impacta y repercute en el receptor, quien a su vez, retroalimenta y genera un efecto. Tales efectos, actos comunicativos, son construcciones que se dan siempre en relación a un vínculo, nunca de manera aislada. En este sentido, podemos problematizar respecto relaciones de dependencia/ independencia, entre otros estilos y conductas.

IV.
En un nivel más concreto de análisis, merece mencionarse en el aporte de la corriente científica de la Psicología del Análisis Comportamental. Sencillamente, se hará una breve (se espera no pecar en el desarrollo de tal síntesis) reseña a modo de mención, ya que en el trabajo diario con personas con discapacidad, sobre todo en aquellos sujetos que presentan una implicancia en el terreno de lo intelectual y condición del espectro del autismo, son numerosos los aportes por parte del Análisis Comportamental en diferentes ámbitos.
Al profundizar sobre cada uno de los enfoques propuestos, nos encontraremos con enormes diferencias a nivel filosófico. No es el caso indagar ni problematizar sobre ello. El sentido es responder qué es la conducta y nutrirnos a fin de abrir las puertas a nuevos interrogantes para el Abordaje Social de la Discapacidad. Más allá de las diferencias, veremos que a la hora de estudiar la conducta, las similitudes son muchas.
Desde el Análisis Funcional del Comportamiento se estudia la conducta de los organismos en función de su ambiente. Esto quiere decir que todo sujeto tiene una historia en relación con el ambiente. De esa historia de interacción se han establecido relaciones funcionales, una serie de contingencias, que dan como resultado determinadas formas de actuar, de comportarse frente a los diversos eventos o estímulos. Las relaciones de contingencia que se establecen, mediante interacción sujeto- ambiente, son de carácter no esencialista entre un estímulo- evento- situación; entre la acción del sujeto y las consecuencias. Explicamos entonces que a partir de la relación persona- ambiente: “A” incide (entre otras variables) sobre “B” (no es la causa que origina B). Se trata de reconocer que establecemos relaciones (operaciones de establecimiento), determinadas formas de ser y comportarnos ante determinados estímulos- eventos- situaciones.
Las relaciones funcionales hacen referencia a lo siguiente:

• A (conducta o medio) se define por el efecto o influencia que ejerce sobre B (medio o conducta).
• B se define como el cambio efectivo que ha realizado A.

Dado que se trata de establecer relaciones de influencia, ni A ni B pueden definirse al margen de la propia relación (por lo que se podría definir en términos de unidad).
En este sentido, nos encontramos con:
• “Unidades del ambiente”, hacen referencia a aquellas partes del medio que ejercen una misma influencia sobre la conducta del sujeto (definidos, también, como estímulos discriminativos).
• “Unidades de conducta”, se definen como toda actividad del organismo controlada por el estímulo con el que establece una función.


V.
Ahora bien, siendo exigentes, al intentar articular ambas posturas, podemos inferir que la conducta no puede ser estudiada de manera aislada, sino en función del contexto y en relación (como una unidad). Toda conducta tiene un fin, comunicar; y en término prácticos, la historia de la persona nunca se detiene. En el presente también se está construyendo la historia del sujeto. Precisamente, la conducta del sujeto no es estática, puede cambiarse modificando la historia de interacciones funcionales con el medio, el vínculo, las relaciones. En otras palabras, a partir del presente podemos modificar el efecto del pasado. Los sujetos no son de una determinada forma, pueden comportarse de “X” forma.

Referencias Bibliográficas

• Bleger, J. (1973). Conducta. En: Psicología de la conducta. Buenos Aires: Paidós (pp. 23-31).
• Bleger, J. (1973). Objeto de la conducta. En: Psicología de la conducta. Buenos Aires: Paidós (pp. 89-93).
• Bleger, J. (1973). Situación y campo. En: Psicología de la conducta. Buenos Aires: Paidós (pp. 39-43).
• Yepes, R., & Aranguren, J. (1996). La persona. En: Fundamentos de antropología. Un ideal de la excelencia humana. España: EUNSA.

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